El acero estructural está formado casi en su totalidad por perfiles de acero laminado en caliente.
Para dotarles de la resistencia contra incendios necesaria, en el caso de protegerles a la vez de la corrosión y del fuego, es preciso eliminar de sus superficies la calamina o halo de laminación, el óxido o la corrosión que pueda sobre ellos existir.
El mejor sistema para realizar esta preparación es el chorreado abrasivo mediante áridos de Sílice o bien granalla metálica o grit, consiguiendo un standard de limpieza de grado Sa. 2 ½ según la norma ISO 8501-1.
Sobre ello, debe ser aplicada una imprimación anticorrosiva de naturaleza no inflamable (clase M-1 según UNE 23727), y compatible con el producto de protección, ya sea pintura intumescente o morteros, de forma que el metal quede protegido contra la corrosión.
Los productos apropiados son HK-2-E y ST-28.
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