La protección contra la corrosión de los metales debe partir necesariamente del conocimiento de la vulnerabilidad de éstos frente a la misma. Según sea la naturaleza del metal de que se trate, se actuará de una forma u otra.
En general, los metales son materiales susceptibles de perder electrones y de combinarse con las especies químicas presentes en el medio que les rodea formando óxidos y sales metálicas. La protección anticorrosiva consiste entre otras posibles actividades paralelas, en aplicar sobre los metales pinturas que ejerzan una función de aislamiento del medio.
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